Hoy es domingo y termina como cualquier otro domingo. Un fin de semana muere y nace la esperanza de que el próximo llegue rápido; es un ciclo que se repite y que me gusta repetir. Y aquí estoy, fumando en mi cama, con muchísimas cosas en qué pensar y que, al parecer, las endosaré a la semana que aún no comienza. Todas, menos una.
No me había despertado todavía en la mañana del jueves, cuando ya era solicitado por un mensaje de voz en mi celular -uno de esos que hacen que mi desgraciado aparato se vuelva loco por 24 horas-. Medio dormido, medio despierto, tratando de recordar ese sueño bonito que a estas alturas ya olvidé, marqué el número del buzón de voz, deseando que no fuese nadie que no valiera el esfuerzo de mover mis pulgares para introducir la clave. Lo que escuché fue una voz dulce aunque formal -casi solemne- que llamaba de parte de la Embajada de Francia para anunciarme la llegada de mi contrato. No sé qué sentí. Por cinco años esperé ese momento, pero saber que ya casi tengo un pie del otro lado del Atlántico, me petrifica.
Es extraño en mí ya que no soy un tipo cobarde. Es que no es miedo... ¡Peores y más temerarias cosas he hecho yo en esta vida! No y no, no es miedo. Es quizá el sentimiento de perder lo que he construído a lo largo de mi vida, perder a todos los que me importan. Ya sea que los haya conocido ayer o hace 10 años, la gente me importa y de verdad no es tan difícil robarse mi corazón... Aunque a veces no lo parezca. Así soy yo, me cuesta desprenderme de la gente.
Mañana meteré el piloto automático e iré a la Embajada de Francia a firmar el contrato. Tiene que ser así, sé que debo hacerlo por mí y sólo por mí, aunque no sé si mi parte sentimental -que gobierna mi vida en un 70%- quiera hacerlo. En 24 horas, mi vida habrá dado un giro radical. Otro rumbo, otros horizontes, gente nueva, caras nuevas, (¿alegrías o penas? ¿qué más da?). Lo cierto es que mañana a esta hora, será como si ya me hubiese ido... para nunca volver. Eso es lo que decidí hace años. Espero tener la suerte de mi lado, aunque no crea mucho en ella.
Y así me iré. Con el corazón inflado de todos aquellos con quienes compartí y me llenaron de tanta alegría, me iré. Con muchos asuntos inconclusos, también, me iré. Con el típico "and what if...?" en mi cabeza, me iré. Contigo incrustado en el alma y decepcionándome cada vez más, porque tristemente eso es lo que te propones, me iré. Tú ganas.
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