Hoy el día fue como un gran letargo del que no pude escapar a ninguna hora. Dormía, despertaba y no podía diferenciar entre esos dos estados. El día fue lento, denso, turbio–quzás porque era lunes – y lo odié con todas mis fuerzas.
Anoche sólo podía pensar "No quiero que amanezca, sólo a estas horas soy yo mismo, como quiero ser, donde quiero estar y como quiero estar. Cuando amanezca, tendré que salir y enfrentarme con personas que no me entienden y que jamás me entenderán. Gente que no se entera ni de la octava parte de las cosas que me suceden y que, por lo visto, tampoco les interesa saberlo. No es que quiera que se enteren, pero ellos se esfuerzan por llenarme la cabeza con todos sus problemas. Pero, lo siento. Tengo suficiente con los míos". Lamentablemente, todo esto era el preludio del largo día de perros que me esperaba. No salí de mi cuarto en todo el día. Dormía y me despertaba frente a la computadora, sin nada importante qué hacer. Una de las constantes, quizás la más notoria y -fastidiosa – de mi día, fuiste tú. A medida que mis pensamientos vagaban en dirección a ti, decidí sacar de mí todo cuanto dejaste. Pensé que sería buena práctica de catarsis –mala idea–, Mientras más sacaba, sentía como si vomitara víceras y corazón. Quedé vacío. Justo como estaba antes de conocerte.
Quise encontrar definición para lo que estaba sintiendo y ni las extensas lenguas romances, francés y español, dieron con la acepción que esperaba. Fue en el inglés, la lengua bárbara anglosajona con ciertas raíces germánicas, que encontré lo que buscaba:
'Emptiness (Psychol) Meaninglessness. As a human condition, it is a generalized state of boredom, social alienation and apathy. Feelings of emptiness often accompany dysthymia, depression, loneliness and despair.'
Pero, un momento, ya va... No creas que eres –o fuiste– tan importante en mi vida. Son muchas cosas las que me han llevado a sentirme de esta manera. Cosas que no vienen al caso. Pero lo cierto es que regresé al punto de partida. Todo es igual a como era antes de conocerte. Debería estar agradecido por eso... creo.
Mañana te veré y no sé cómo vaya a reaccionar. Pero trataré de que las cosas sean distintas para mí. Tal vez no sea tan difícil, es decir, ¿a qué sentimiento debería temerle si ya no queda nada dentro de mí? Mañana amanecerá otra vez, comenzará otro calvario creado por mí mismo (porque he decidido llevar mi cruz autoimpuesta, creo que disfruto más sufrir por cosas que me pasan dentro de mí que sufrir por lo que pase a mi alrededor... y vaya que el exterior me da bastante material) y te veré. Ya sé a qué atenerme, así que no esperes nada. (Esto último sonó demasiado fuerte, no quiero que suene así. Todavía te aprecio mucho como para decírtelo de mala manera.)
Mañana probablemente escribiré sobre ti, otra vez.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario