Me gusta la letra Z porque es lo que tienes en tu nickname del messenger.
Me gusta la letra Z porque tienes una letra Z en tu display, en el messenger.
Me gusta la letra Z porque la letra Z que tienes en tu display, en el messenger, es morada... y el morado me hace pensar en ti, por alguna razón.
Me gusta la letra Z porque cuando hiciste la letra Z que tienes en tu display, en el messenger, me mandaste una copia y eso me hizo sentir especial.
Me gusta la letra Z porque cada vez que veo tu letra Z morada saltando en la parte inferior derecha de mi pantalla, me siento feliz aunque sea durante los 3 segundos que tu letra Z morada se tarda en esconderse, en la parte inferior derecha de mi pantalla.
Me gusta la letra Z porque tu letra Z morada es tridimensional y provoca abrazarla, así como yo quisiera abrazarte todos los días.
Me gusta la letra Z porque tu letra Z morada me hace pensar en tu cuerpo; en sus trazos superiores, veo tu cabeza casi rubia inclinada la mayoría de las veces por tu altura sobresaliente. en la larga pendiente de tu letra Z morada, veo tu lindo abdomen del que nunca estuviste satisfecho. Y finalmente, tu letra Z morada se dobla abajo -como todas las letras Z- haciéndome verte como si estuvieses arrodillado... No sé por qué, pero tu letra Z morada me hace querer besarte infinitamente.
Me gusta la letra Z porque cada vez que intento hablarte en el messenger y no me atrevo, tu letra Z morada está allí, saludándome... ¡y hasta me sonríe! ¿sufriré de alucinaciones?
Me gusta la letra Z porque tu letra Z morada es lo único que veo de ti últimamente.
Me gusta la letra Z porque tu letra Z morada es lo único seguro que tengo de ti.
Me gusta la letra Z porque te apropiaste de todas las Z del mundo.
martes, 11 de agosto de 2009
domingo, 9 de agosto de 2009
Update
Hoy es domingo y termina como cualquier otro domingo. Un fin de semana muere y nace la esperanza de que el próximo llegue rápido; es un ciclo que se repite y que me gusta repetir. Y aquí estoy, fumando en mi cama, con muchísimas cosas en qué pensar y que, al parecer, las endosaré a la semana que aún no comienza. Todas, menos una.
No me había despertado todavía en la mañana del jueves, cuando ya era solicitado por un mensaje de voz en mi celular -uno de esos que hacen que mi desgraciado aparato se vuelva loco por 24 horas-. Medio dormido, medio despierto, tratando de recordar ese sueño bonito que a estas alturas ya olvidé, marqué el número del buzón de voz, deseando que no fuese nadie que no valiera el esfuerzo de mover mis pulgares para introducir la clave. Lo que escuché fue una voz dulce aunque formal -casi solemne- que llamaba de parte de la Embajada de Francia para anunciarme la llegada de mi contrato. No sé qué sentí. Por cinco años esperé ese momento, pero saber que ya casi tengo un pie del otro lado del Atlántico, me petrifica.
Es extraño en mí ya que no soy un tipo cobarde. Es que no es miedo... ¡Peores y más temerarias cosas he hecho yo en esta vida! No y no, no es miedo. Es quizá el sentimiento de perder lo que he construído a lo largo de mi vida, perder a todos los que me importan. Ya sea que los haya conocido ayer o hace 10 años, la gente me importa y de verdad no es tan difícil robarse mi corazón... Aunque a veces no lo parezca. Así soy yo, me cuesta desprenderme de la gente.
Mañana meteré el piloto automático e iré a la Embajada de Francia a firmar el contrato. Tiene que ser así, sé que debo hacerlo por mí y sólo por mí, aunque no sé si mi parte sentimental -que gobierna mi vida en un 70%- quiera hacerlo. En 24 horas, mi vida habrá dado un giro radical. Otro rumbo, otros horizontes, gente nueva, caras nuevas, (¿alegrías o penas? ¿qué más da?). Lo cierto es que mañana a esta hora, será como si ya me hubiese ido... para nunca volver. Eso es lo que decidí hace años. Espero tener la suerte de mi lado, aunque no crea mucho en ella.
Y así me iré. Con el corazón inflado de todos aquellos con quienes compartí y me llenaron de tanta alegría, me iré. Con muchos asuntos inconclusos, también, me iré. Con el típico "and what if...?" en mi cabeza, me iré. Contigo incrustado en el alma y decepcionándome cada vez más, porque tristemente eso es lo que te propones, me iré. Tú ganas.
No me había despertado todavía en la mañana del jueves, cuando ya era solicitado por un mensaje de voz en mi celular -uno de esos que hacen que mi desgraciado aparato se vuelva loco por 24 horas-. Medio dormido, medio despierto, tratando de recordar ese sueño bonito que a estas alturas ya olvidé, marqué el número del buzón de voz, deseando que no fuese nadie que no valiera el esfuerzo de mover mis pulgares para introducir la clave. Lo que escuché fue una voz dulce aunque formal -casi solemne- que llamaba de parte de la Embajada de Francia para anunciarme la llegada de mi contrato. No sé qué sentí. Por cinco años esperé ese momento, pero saber que ya casi tengo un pie del otro lado del Atlántico, me petrifica.
Es extraño en mí ya que no soy un tipo cobarde. Es que no es miedo... ¡Peores y más temerarias cosas he hecho yo en esta vida! No y no, no es miedo. Es quizá el sentimiento de perder lo que he construído a lo largo de mi vida, perder a todos los que me importan. Ya sea que los haya conocido ayer o hace 10 años, la gente me importa y de verdad no es tan difícil robarse mi corazón... Aunque a veces no lo parezca. Así soy yo, me cuesta desprenderme de la gente.
Mañana meteré el piloto automático e iré a la Embajada de Francia a firmar el contrato. Tiene que ser así, sé que debo hacerlo por mí y sólo por mí, aunque no sé si mi parte sentimental -que gobierna mi vida en un 70%- quiera hacerlo. En 24 horas, mi vida habrá dado un giro radical. Otro rumbo, otros horizontes, gente nueva, caras nuevas, (¿alegrías o penas? ¿qué más da?). Lo cierto es que mañana a esta hora, será como si ya me hubiese ido... para nunca volver. Eso es lo que decidí hace años. Espero tener la suerte de mi lado, aunque no crea mucho en ella.
Y así me iré. Con el corazón inflado de todos aquellos con quienes compartí y me llenaron de tanta alegría, me iré. Con muchos asuntos inconclusos, también, me iré. Con el típico "and what if...?" en mi cabeza, me iré. Contigo incrustado en el alma y decepcionándome cada vez más, porque tristemente eso es lo que te propones, me iré. Tú ganas.
martes, 4 de agosto de 2009
Uno de esos breves e intermitentes momentos en los que morir no me hubiese importado
Lo siguiente es una suerte de flashback que recordé hoy mientras regresaba a casa (sigues apareciendo en este blog, por cierto):
Eran alrededor de las 2:00 am del viernes 31 de Julio. La había pasado súper bien en la celebración de mi cumpleaños; parte de la gente que más me importa en el mundo estaba allí conmigo y entre ellos, por supuesto, estabas tú. Luego de que casi todos se fueran, incluyéndote, yo decidí tomar un taxi y volver a mi casa. En realidad, te fuiste antes de lo que yo hubiese querido (soy egoísta, quería tenerte durante un rato muy muy largo) pero debías irte, eso lo entiendo. Antes de que partieras, te dije que me enviaras un mensaje al llegar a tu casa: soy paranoico y no quiero que nada te suceda. Pasaron casi dos horas desde que te fuiste y yo, en el taxi, rumbo a mi casa, sentí caer sobre mi, como una catarata implacable, toda la inseguridad que me da al estar contigo. Quizás no te importa escribirme, pensé. Tampoco quería fastidiarte con mensajes tontos preguntándote si todo andaba bien. Lo cierto es que en la autopista y en cuestión de minutos, imaginé todas las formas posibles en las que podía morir en ese momento. Y de verdad, morir no me importaba.
Es ese vacío que dejas con tu ausencia lo que hace que le pierda el gusto a la vida. Utter meaninglessness. Utter emptiness. Eso, esas frases lo explican todo. Al lado del conductor silente, con el velocímetro casi a 100 Km/h (velocidad que en otro momento me hubiese horrorizado), pensé en cómo el carro podría volcarse, lanzando mi cabeza contra el parabrisas para un final rápido e indoloro. También pensé en una bala perdida (y afortunada) que atravesara mi cuello, provocando que mi sangre brotara a chorros mientras pierdo la consciencia y te dedico mis últimos pensamientos. O quizás el conductor podría asesinarme, pero esa idea resultaba muy trivial y no era una digna representación de lo que debía ser mi muerte.
No te asustes, esos pensamientos suelen llegarme de vez en cuando. Siempre he sido una persona bastante consciente de que la muerte puede llegar sigilosa e inadvertida, lo cual no me importa en momentos como ese. Luego de revolotear como polilla nocturna sobre esas macabras ideas, sentí como mi celular vibraba en un bolsillo de mi pantalón. Debo confesar que en ese punto, ya había perdido toda esperanza de saber de ti por lo menos hasta que el sol saliera y se alzara bien alto en el cielo. Pero, en efecto, eras tú. Me escribiste (lo recuerdo perfectamente): "Llegué hace rato a mi casa, estoy exhausto. Te aviso mañana". De un solo soplo, espantaste la muerte de mi mente. Ya todo era distinto. SÍ me importaba vivir porque SÍ sentía que tenía una oportunidad contigo.
Luego, llegué a mi casa y una vez más te metí en mi cama. En mi mente eras más que una ilusión, pero menos que una realidad. No sé cómo definirlo. Creo que eso mismo sentía Don Quijote por Dulcinea del Toboso. Sólo que el héroe de La Mancha sí era correspondido. En mi cama, nuevamente coquetée con la muerte. La paz profunda del sueño eterno. ¡Qué delicia! Debo decir que la incertidumbre, no saber si tengo o no tengo, entre otras cosas es el sentimiento que más detesto y que me hace sentir... no, que me hace DARME CUENTA de que la vida es efímera. Aquí estamos, mañana no estaremos. Nunca tendremos nada realmente. Poco le importa al tiempo y al espacio lo que yo haga o deje de hacer; las cosas seguirán su curso de cualquier modo.
En esos momentos vacíos e inciertos, de verdad, no me importaría ser cosecha de la Parca.
Eran alrededor de las 2:00 am del viernes 31 de Julio. La había pasado súper bien en la celebración de mi cumpleaños; parte de la gente que más me importa en el mundo estaba allí conmigo y entre ellos, por supuesto, estabas tú. Luego de que casi todos se fueran, incluyéndote, yo decidí tomar un taxi y volver a mi casa. En realidad, te fuiste antes de lo que yo hubiese querido (soy egoísta, quería tenerte durante un rato muy muy largo) pero debías irte, eso lo entiendo. Antes de que partieras, te dije que me enviaras un mensaje al llegar a tu casa: soy paranoico y no quiero que nada te suceda. Pasaron casi dos horas desde que te fuiste y yo, en el taxi, rumbo a mi casa, sentí caer sobre mi, como una catarata implacable, toda la inseguridad que me da al estar contigo. Quizás no te importa escribirme, pensé. Tampoco quería fastidiarte con mensajes tontos preguntándote si todo andaba bien. Lo cierto es que en la autopista y en cuestión de minutos, imaginé todas las formas posibles en las que podía morir en ese momento. Y de verdad, morir no me importaba.
Es ese vacío que dejas con tu ausencia lo que hace que le pierda el gusto a la vida. Utter meaninglessness. Utter emptiness. Eso, esas frases lo explican todo. Al lado del conductor silente, con el velocímetro casi a 100 Km/h (velocidad que en otro momento me hubiese horrorizado), pensé en cómo el carro podría volcarse, lanzando mi cabeza contra el parabrisas para un final rápido e indoloro. También pensé en una bala perdida (y afortunada) que atravesara mi cuello, provocando que mi sangre brotara a chorros mientras pierdo la consciencia y te dedico mis últimos pensamientos. O quizás el conductor podría asesinarme, pero esa idea resultaba muy trivial y no era una digna representación de lo que debía ser mi muerte.
No te asustes, esos pensamientos suelen llegarme de vez en cuando. Siempre he sido una persona bastante consciente de que la muerte puede llegar sigilosa e inadvertida, lo cual no me importa en momentos como ese. Luego de revolotear como polilla nocturna sobre esas macabras ideas, sentí como mi celular vibraba en un bolsillo de mi pantalón. Debo confesar que en ese punto, ya había perdido toda esperanza de saber de ti por lo menos hasta que el sol saliera y se alzara bien alto en el cielo. Pero, en efecto, eras tú. Me escribiste (lo recuerdo perfectamente): "Llegué hace rato a mi casa, estoy exhausto. Te aviso mañana". De un solo soplo, espantaste la muerte de mi mente. Ya todo era distinto. SÍ me importaba vivir porque SÍ sentía que tenía una oportunidad contigo.
Luego, llegué a mi casa y una vez más te metí en mi cama. En mi mente eras más que una ilusión, pero menos que una realidad. No sé cómo definirlo. Creo que eso mismo sentía Don Quijote por Dulcinea del Toboso. Sólo que el héroe de La Mancha sí era correspondido. En mi cama, nuevamente coquetée con la muerte. La paz profunda del sueño eterno. ¡Qué delicia! Debo decir que la incertidumbre, no saber si tengo o no tengo, entre otras cosas es el sentimiento que más detesto y que me hace sentir... no, que me hace DARME CUENTA de que la vida es efímera. Aquí estamos, mañana no estaremos. Nunca tendremos nada realmente. Poco le importa al tiempo y al espacio lo que yo haga o deje de hacer; las cosas seguirán su curso de cualquier modo.
En esos momentos vacíos e inciertos, de verdad, no me importaría ser cosecha de la Parca.
lunes, 3 de agosto de 2009
Emptiness
Hoy el día fue como un gran letargo del que no pude escapar a ninguna hora. Dormía, despertaba y no podía diferenciar entre esos dos estados. El día fue lento, denso, turbio–quzás porque era lunes – y lo odié con todas mis fuerzas.
Anoche sólo podía pensar "No quiero que amanezca, sólo a estas horas soy yo mismo, como quiero ser, donde quiero estar y como quiero estar. Cuando amanezca, tendré que salir y enfrentarme con personas que no me entienden y que jamás me entenderán. Gente que no se entera ni de la octava parte de las cosas que me suceden y que, por lo visto, tampoco les interesa saberlo. No es que quiera que se enteren, pero ellos se esfuerzan por llenarme la cabeza con todos sus problemas. Pero, lo siento. Tengo suficiente con los míos". Lamentablemente, todo esto era el preludio del largo día de perros que me esperaba. No salí de mi cuarto en todo el día. Dormía y me despertaba frente a la computadora, sin nada importante qué hacer. Una de las constantes, quizás la más notoria y -fastidiosa – de mi día, fuiste tú. A medida que mis pensamientos vagaban en dirección a ti, decidí sacar de mí todo cuanto dejaste. Pensé que sería buena práctica de catarsis –mala idea–, Mientras más sacaba, sentía como si vomitara víceras y corazón. Quedé vacío. Justo como estaba antes de conocerte.
Quise encontrar definición para lo que estaba sintiendo y ni las extensas lenguas romances, francés y español, dieron con la acepción que esperaba. Fue en el inglés, la lengua bárbara anglosajona con ciertas raíces germánicas, que encontré lo que buscaba:
'Emptiness (Psychol) Meaninglessness. As a human condition, it is a generalized state of boredom, social alienation and apathy. Feelings of emptiness often accompany dysthymia, depression, loneliness and despair.'
Pero, un momento, ya va... No creas que eres –o fuiste– tan importante en mi vida. Son muchas cosas las que me han llevado a sentirme de esta manera. Cosas que no vienen al caso. Pero lo cierto es que regresé al punto de partida. Todo es igual a como era antes de conocerte. Debería estar agradecido por eso... creo.
Mañana te veré y no sé cómo vaya a reaccionar. Pero trataré de que las cosas sean distintas para mí. Tal vez no sea tan difícil, es decir, ¿a qué sentimiento debería temerle si ya no queda nada dentro de mí? Mañana amanecerá otra vez, comenzará otro calvario creado por mí mismo (porque he decidido llevar mi cruz autoimpuesta, creo que disfruto más sufrir por cosas que me pasan dentro de mí que sufrir por lo que pase a mi alrededor... y vaya que el exterior me da bastante material) y te veré. Ya sé a qué atenerme, así que no esperes nada. (Esto último sonó demasiado fuerte, no quiero que suene así. Todavía te aprecio mucho como para decírtelo de mala manera.)
Mañana probablemente escribiré sobre ti, otra vez.
Anoche sólo podía pensar "No quiero que amanezca, sólo a estas horas soy yo mismo, como quiero ser, donde quiero estar y como quiero estar. Cuando amanezca, tendré que salir y enfrentarme con personas que no me entienden y que jamás me entenderán. Gente que no se entera ni de la octava parte de las cosas que me suceden y que, por lo visto, tampoco les interesa saberlo. No es que quiera que se enteren, pero ellos se esfuerzan por llenarme la cabeza con todos sus problemas. Pero, lo siento. Tengo suficiente con los míos". Lamentablemente, todo esto era el preludio del largo día de perros que me esperaba. No salí de mi cuarto en todo el día. Dormía y me despertaba frente a la computadora, sin nada importante qué hacer. Una de las constantes, quizás la más notoria y -fastidiosa – de mi día, fuiste tú. A medida que mis pensamientos vagaban en dirección a ti, decidí sacar de mí todo cuanto dejaste. Pensé que sería buena práctica de catarsis –mala idea–, Mientras más sacaba, sentía como si vomitara víceras y corazón. Quedé vacío. Justo como estaba antes de conocerte.
Quise encontrar definición para lo que estaba sintiendo y ni las extensas lenguas romances, francés y español, dieron con la acepción que esperaba. Fue en el inglés, la lengua bárbara anglosajona con ciertas raíces germánicas, que encontré lo que buscaba:
'Emptiness (Psychol) Meaninglessness. As a human condition, it is a generalized state of boredom, social alienation and apathy. Feelings of emptiness often accompany dysthymia, depression, loneliness and despair.'
Pero, un momento, ya va... No creas que eres –o fuiste– tan importante en mi vida. Son muchas cosas las que me han llevado a sentirme de esta manera. Cosas que no vienen al caso. Pero lo cierto es que regresé al punto de partida. Todo es igual a como era antes de conocerte. Debería estar agradecido por eso... creo.
Mañana te veré y no sé cómo vaya a reaccionar. Pero trataré de que las cosas sean distintas para mí. Tal vez no sea tan difícil, es decir, ¿a qué sentimiento debería temerle si ya no queda nada dentro de mí? Mañana amanecerá otra vez, comenzará otro calvario creado por mí mismo (porque he decidido llevar mi cruz autoimpuesta, creo que disfruto más sufrir por cosas que me pasan dentro de mí que sufrir por lo que pase a mi alrededor... y vaya que el exterior me da bastante material) y te veré. Ya sé a qué atenerme, así que no esperes nada. (Esto último sonó demasiado fuerte, no quiero que suene así. Todavía te aprecio mucho como para decírtelo de mala manera.)
Mañana probablemente escribiré sobre ti, otra vez.
My fall will be for you
Luego escribiré algo con más sentido.
Por ahora sólo quiero escribir:
"My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever."
Por ahora sólo quiero escribir:
"My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever. My fall will be for you, my love will be in you... You were the one to cut me, so I'll bleed forever."
domingo, 2 de agosto de 2009
Palabras sin sentido por ti y para ti
Hoy comienzo este blog; este blog comienzo hablando de ti.
Capaz fuiste de deslastrarme de grilletes del pasado, hábil te mostraste al sanar mis heridas que nadie había podido curar. Todo sin saberlo; ignorante eras de las bondades que yo encontré en ti. Te metí en mi vida, en mi cama, en mis sueños, en mis planes, en mi presente, en mi futuro y hasta en un futuro de pluscuamperfecto. Sin tu permiso. Aunque nunca me perteneciste. He ahí mi error.
Pienso que todo se resume a un error de semántica, ruido en la comunicación... o quizás "todo pasa por algo" (tu frase favorita ¿verdad?). Pero aún no logro entender cómo pudiste transformarme de la manera en que lo hiciste; contigo yo era diferente, me sentía como una mejor persona. Lo único que quedará entre los dos será esa duda, al parecer.
Cada átomo de tu cuerpo es libre de toda atadura y ¿quién soy yo para decir lo contrario? Etéreo fuiste, etéreo eres y etéreo serás. Y a mí, como a Sísifo, me quedará el recuerdo de que una vez estuve arando en el mar.
Capaz fuiste de deslastrarme de grilletes del pasado, hábil te mostraste al sanar mis heridas que nadie había podido curar. Todo sin saberlo; ignorante eras de las bondades que yo encontré en ti. Te metí en mi vida, en mi cama, en mis sueños, en mis planes, en mi presente, en mi futuro y hasta en un futuro de pluscuamperfecto. Sin tu permiso. Aunque nunca me perteneciste. He ahí mi error.
Pienso que todo se resume a un error de semántica, ruido en la comunicación... o quizás "todo pasa por algo" (tu frase favorita ¿verdad?). Pero aún no logro entender cómo pudiste transformarme de la manera en que lo hiciste; contigo yo era diferente, me sentía como una mejor persona. Lo único que quedará entre los dos será esa duda, al parecer.
Cada átomo de tu cuerpo es libre de toda atadura y ¿quién soy yo para decir lo contrario? Etéreo fuiste, etéreo eres y etéreo serás. Y a mí, como a Sísifo, me quedará el recuerdo de que una vez estuve arando en el mar.
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